El gobierno de Brasil anunció un paquete de medidas para contener el incremento en los precios de los combustibles, derivado del conflicto en Oriente Medio en una estrategia que busca limitar el impacto en la inflación previo a las elecciones generales programadas para octubre.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva firmará disposiciones que incluyen subsidios al diésel, exenciones fiscales al biodiésel y apoyos a la importación de gas licuado.
También se contempla la eliminación de impuestos al combustible utilizado en aviación, así como la apertura de líneas de crédito dirigidas al sector aeronáutico, ante el posible aumento en el costo de los pasajes.
El ministro de Hacienda, Dario Durigan, señaló que el objetivo es reducir los efectos de la crisis internacional en el mercado interno e indicó que, aunque el país cuenta con producción propia de petróleo y una industria de biocombustibles, aún depende de importaciones de diésel, lo que lo hace vulnerable a variaciones en el mercado global.
De acuerdo con datos oficiales, el precio del diésel ha registrado un incremento cercano al 24 por ciento desde finales de febrero, situación genera presión en los costos de transporte y en productos básicos, lo que podría repercutir en sectores como el agroindustrial, clave en la economía brasileña.
El gobierno también anunció sanciones más estrictas contra prácticas de aumentos injustificados en precios.
Las autoridades mantienen el seguimiento del comportamiento del mercado energético, ante el riesgo de que el encarecimiento de los combustibles tenga efectos en la cadena de suministro y en el consumo interno.




